Antojo a primera vista

Fue, cómo decirlo,
antojo a primera vista,
en la recepción de un hotel
se cruzaron miradas y sonrisas.
Tardó tres años en hablarme,
en decirme que quería verme.
Pasaron tres meses
en los que viví en su casa casi todos los días,
eran noches enteras juntos.
Pero, claro, después de la tormenta
viene la calma,
y tanto que vino,
me sentía sola,
lo estaba.
Desapareció,
se esfumó como el humo de mi pipa,
como si nadie hubiera estado esos meses en mi vida,
como si nadie.

 

Ella miraba mis ojos diciéndome que me quería,
pobrecita, yo solo sentía empatía.
Me volvía loco,
      (su cintura)
y le di un beso
      (en la espalda)
no esperaba que no tuviera regreso.
Ahora me pide otro,
me quiere pero no sabe cómo,
le digo que no se altere,
que disfrute, que deleite,
que todo se acaba
y que esa niña sonrosada no podía ser mi amada.

 

Besos sin compromiso,
      (me pedía él)
mil y una noches sin testigos,
      (le ofrecía yo)
Cogí la copa bien alta
y brindé por que no acabara.
Mala suerte la mía por tener tantas ansias,
quería su cuerpo a cualquier precio.
Fallo mío, soy sincera,
sabía desdel principio dónde me arrojaba sin cuerda.
Me decía, Luz, de albor
le gustaba a medias, sin corazón.

 

© Lucía Moragón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *