El futuro no está escrito

Cuando pensamos en el pasado, el presente y el futuro de las librerías, en realidad solo hay una cosa que importa: el papel de la tienda en conectar a los lectores con los libros y, por extensión, con las palabras, experiencias e ideas que los libros encarnan. Es una conexión vital, una conexión íntima.Una vez, cuando estaba ayudando a una amiga a elegir un libro, ella dijo: “Esto es como decidir con quién me acostaré esta noche”. No había pensado en eso en esos términos, pero entendí de inmediato a qué se refería. Si nos mantenemos enfocados en la conexión, a quién queremos facilitar esas conexiones y cómo se deciden, entonces no hay realmente ninguna razón para dudar de que el futuro de las librerías sea seguro.

Sin duda, las librerías enfrentan desafíos. La tecnología e Internet han alterado el negocio, más para los libros que cualquier otra categoría de venta minorista. Algunas cadenas de distribución han obligado a las librerías a mejorar su juego. Las tiendas que no pudieron o no quisieron evolucionar han cerrado. Las tiendas que aún están en pie deben desarrollar y explotar sus fortalezas. Más alentador, estamos viendo una ola de aperturas de librerías posteriores a estos gigantes de distribución, nuevas empresas que confían en la fortaleza y el valor de la librería.

Sin embargo, los informes sobre la muerte de la librería minorista tradicional pueden ser prematuros. Los datos recientes del consumidor no respaldan la idea de un cambio a gran escala de los medios impresos, sino que indican una demanda tanto de libros electrónicos como de libros físicos. Y dado el último negocio del más grande competidor de venta digital (una librería física), el futuro de la venta de libros a lo mejor puede no ser tan digital como muchos piensan.

En contra de lo que se vaticinaba hace una década, el libro electrónico no ha sustituido al papel. Los últimos datos del CIS indican que ocho de cada diez lectores españoles siguen prefiriendo el soporte físico, uno lee digital y el último combina ambos. El desafío hoy no está en el producto sino en las nuevas formas de compra y distribución.

La librería de tu comunidad o barrio no trata de entregar cada libro a todas las personas en todas partes. No se trata de algoritmos retrospectivos que intentan predecir matemáticamente lo que te gustaría mañana basándose en lo que sucedió ayer. En cambio, las librerías practican una especie de alquimia con visión de futuro, trabajando para encontrar los libros correctos para sus lectores y ofrecer títulos que aún no sabes que quieres. Los algoritmos pueden ser eficientes, pero carecen de la imaginación que identifica conexiones que no se pueden entender.

La librería es un lugar de reunión, un espacio en el que tú, tu familia, tus amigos, tus colegas y tus vecinos se encuentran con una colección de títulos cuidadosamente seleccionados, libros seleccionados pensando en tí. Es el lugar donde los libreros, personas de carne y hueso que también son parte de tu comunidad, facilitan y organizan su conexión con las palabras, ideas, experiencias y perspectivas que enriquecen tus vidas y profundizan sus conexiones con los demás.

¿No es la conexión lo que los humanos siempre han anhelado y siempre buscarán? ¿No necesitamos que esas conexiones sean hechas por personas, no por ecuaciones?

¿Las librerías tienen futuro? También podríamos preguntar si los humanos tienen futuro.

El futuro de las librerías está en volver al origen, a las raíces. La supervivencia de las librerías está en la capacidad de humanización que puedan ofrecer los libreros y su personal para contrarrestar un mundo lleno de algoritmos y pantallas digitales.

Con lo que llego a la conclución de que el futuro de las librerías no está escrito.

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