El tesoro

En un lugar allende los mares, pasa los días un pirata llorando el fracaso de su última proeza corsaria, pero no es un pirata normal, él es soñador, idealista, romántico….cuando un día por casualidad el azar hizo que encontrase un baúl, que aunque en apariencia no parecía demasiado interesante, resulto encerrar un gran y valioso tesoro. ¿Cómo podía estar eso ahí enterrado? ¿Como podía ser que nadie lo hubiese encontrado? pero se daba una circunstancia: había grabado en una esquina de ese baúl un nombre, ese baúl con su tesoro tenia dueño y la llave la poseía esa persona. Pero era curioso, porque casi todo el tesoro permanecía encerrado en ese baúl, el dueño apenas hacia uso o lucía no más que una pequeña parte de él o por lo menos esa era la percepción del pirata. Aun así, el pirata supo que él sí sabría apreciar todo ese tesoro, sí que haría que ese tesoro tuviera todo el esplendor que se merecía y se dio cuenta que deseaba ese tesoro, lo deseaba más que a nada en el mundo.

El pirata intento abrir el baúl una y otra vez de cien mil formas diferentes, a veces con un instrumento, a veces con otro, a veces con más fuerza, a veces más suavemente. Había días que acababa exhausto, dolorido, pero siempre volvía para intentarlo, su ilusión y su sueño era muy grande pero el baúl no se abría. A veces sí conseguía abrir una pequeña rendija, pero el baúl se volvía a cerrar. El pirata deseaba esa llave, soñaba con abrir ese baúl y conseguir el tesoro que siempre había ansiado, ¡dedicaba tantas horas a sacarle brillo y lustrarlo! le ponía ungüentos, lo limpiaba, le quitaba la arena, pasaba horas a su lado admirándolo e imaginando cómo sería cuando lo pudiese abrir.

Pero el dueño del baúl venía de vez en cuando para ver si su tesoro seguía ahí, como reclamando su posesión y observando si habían marcas de que lo hubiesen forzado, a veces abría el baúl y se ponía algo de ese tesoro y lo lucía ante el resto del mundo. Cuando el pirata se cruzaba en las tabernas con el dueño del baúl y le veía portando orgullosamente parte de ese tesoro mientras tomaba sus tragos de ron con los otros corsarios, creía desfallecer y morirse.

Y así pasaron años. El pirata una vez consiguió casi abrirlo, pero fue algo efímero, al poco tiempo vino su dueño con su llave y lo volvió a cerrar. Entonces el pirata cejó en su empeño, entendió que se le estaba pasando la vida intentando abrir un baúl que no era suyo y que quizás sería mejor embarcarse y cruzar los mares y olvidarse de algo que era totalmente imposible, quién sabe, quizás en otro sitio, en otra isla encontrase otro tesoro.

Y así fue, aun pensando que fuera hazaña imposible, encontró un baúl en principio de apariencia diferente, y éste además no tenía dueño, consiguió la llave y lo abrió. Y allí estaba el tesoro, quizás no fuera exactamente igual que el anterior, pero era un tesoro maravilloso también y éste tendría la oportunidad de disfrutarlo. Muchas veces piensa en el primer tesoro que encontró y aún añora esos pequeños momentos en que el baúl parecía abrirse para mostrarle lo maravilloso de su interior y se le resbala una lagrima recordando aquellos momentos en que parecía que lo había conseguido. Pero ese baúl sigue estando cerrado, su dueño sigue estando ahí, yendo de vez en cuando a ver si todo esta en su lugar. El pirata de vez en cuando vuelve a ir a ver el baúl, sigue viendo cuanto tesoro casi intacto sigue quedando en su interior y el corazón se le encoge al pensar cuan afortunado hubiese sido si hubiese conseguido la llave…

Quizás el pirata se equivocó, quizás debió seguir intentándolo o quizás la verdadera sabiduría está en saber cuando ha de dejar uno de luchar por algo imposible o quizás está en no desear algo que no es tuyo. Quizás algún día el dueño del baúl pierda la llave y el pirata la encuentre y pueda abrirlo, quizás no, quizás ocurra un milagro y el baúl cobre vida propia y entregue libremente su tesoro al pirata.

@ Aileen Baker

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