Emily Brontë (1818-1848)

Emily Brontë nació el 30 de julio de 1818 en Thornton, Yorkshire (Inglaterra). Era la tercera hija de un párroco anglicano de origen irlandés, hombre excéntrico y cerrado al que destinaron como vicario en Haworth.

Cuando su madre murió en 1821 la familia contaba con cinco niñas y un muchacho, prole enfermiza, muy precoz y llena de ímpetus artísticos. Tres años más tarde Charlotee y Emily fueron enviadas con sus hermanas mayores, María y Elizabeth, a un colegioe en Lancashire donde cayeron enfermas de tuberculosis. María y Elizabeth volvieron enfermas a la casa familiar y murieron de tuberculosis en 1825. Por este motivo, y por las pésimas condiciones del colegio, la familia sacó a Charlotte y a Emily del internado.

Durante su infancia y tras la muerte de su madre, para divertirse entre ellas en aquel pueblo aislado las tres hermanas Brontë, y Emily, junto a su hermano Branwell, inventaron un mundo de ficción formado por tres países imaginarios y solían jugar a inventarse historias ambientadas en él. De esta manera, las hermanas Brontë construyeron un auténtico mundo paralelo al real, que resultaría especialmente atractivo a Emily.

Emily no tenía amigas. Era intolerante, malhumorada pero también responsable y trabajadora. En 1838 empezó a trabajar como institutriz. Más tarde, junto a su hermana Charlotte, fue alumna de un colegio privado en Bruselas. Fue ésta una época de amargo destierro para Emily, torturada por la nostalgia de su agreste país, hasta que la muerte de su tía la hizo volver a Inglaterra. Emily se quedó a partir de entonces como administradora de la casa familiar.

La gran preocupación de sus últimos años fue el cuidado de su hermano Branwell, un hombre fracasado en la pintura, que había sido despedido del modesto empleo que había logrado en las oficinas del ferrocarril. La adicción a la bebida fue extrema en los últimos años a la que añadió el consumo indiscriminado del opio. Emily, considerada una persona severa, de temperamento intransigente y poco efusiva, le atendió hasta el final de sus días. Permanecía despierta hasta que Branwell, ebrio y desvariando regresaba al hogar, lo que ocurría con frecuencia a altas horas de la noche, para ayudarle a acostarse. Parece que muchas páginas de “Cumbres borrascosas” y algunos de sus poemas fueron escritos durante estas vigilias.

En 1846 su hermana Charlotte descubrió por casualidad las poesías que escribía Emily y las tres hermanas Brontë decidieron entonces publicar un libro de poesía conjunto “Poemas”. Las tres eligieron nombres masculinos que mantuvieran la inicial de sus propios nombres así como un apellido que también conserva la inicial del apellido familiar. El libro fue un fracaso sin paliativos y, además, supuso una pérdida económica considerable para la familia, pues las tres hermanas tuvieron que pagar la nada desdeñable suma de treinta y seis libras por la edición del libro. En el tomo destacan especialmente las poesías de Emily a la que la crítica literaria ha considerado (con posterioridad obviamente) como una de las mejores poetisas de Inglaterra. Un año después de la publicación solo se habían vendido dos ejemplares. Pero las Brontë no se desanimaron y decidieron escribir una novela cada una.

En 1847 Emily publicó “Cumbres Borrascosas” su única novela, que se ha convertido en un clásico de la literatura inglesa victoriana a pesar de que inicialmente fue ignorada y denostada principalmente por su estructura, que ha sido comparada con un conjunto de muñecas de Matryoshka . Es posiblemente la expresión más genuina, profunda y contenida del alma romántica inglesa. Sus historias y personajes no eran muy bien vistos en su época y, si firmaba una mujer, la censura era mayor, con lo que esta gran obra fue publicado bajo el pseudónimo de Ellis Bell.

Emily y sus dos hermanas, Charlotte y Anne, fueron de las primeras mujeres en la historia de la literatura que se dedicaron por entero a la escritura y en el caso de Emily, lo hizo con plena conciencia de su condición de mujer y de su rechazo a la institución del matrimonio, que en la época que le tocó vivir, la primera mitad del siglo XIX, era una de las pocas salidas en las que una mujer podía hallar una seguridad económica absoluta.

Al igual que la de sus hermanas, la salud de Emily fue siempre muy delicada. Murió el 19 de diciembre de 1848 de tuberculosís a los 30 años. Fue enterrada en la iglesia de San Miguel de Todos los Santos en Haworth, la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida.

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