La posibilidad

Tenía una posibilidad entre sus manos. No una posibilidad cualquiera, no. Era la posibilidad que llevaba toda su vida esperando. Tiempo atrás, la decisión habría estado tomada de antemano. Habría sido sencillo, fácil y satisfactorio. De las consecuencias no sabía nada y, si tenía que ser sincera, prefería no saberlo. Era su posibilidad. Aquel sueño que, durante tanto tiempo, había jugado a ver cumplido. Aquellas noches en vela, aquellas lágrimas, aquella esperanza muda… Pero el tiempo, enemigo y compañero, había decidido jugar con ella una vez más. No, no era fácil y, sin embargo, sabía que no tenía opciones ni necesidad de elegir… pero sentía una deuda con aquel pasado suyo que tanto le hizo sufrir. Sentía que, de un modo ilógico e inapropiado, tenía el deber de compensar todas aquellas lágrimas… aunque ni ella ni su sueño existieran ya. Todo había cambiado tanto… y la posibilidad se arrugaba entre sus manos, congeladas en plena calle. Y el frío, el frío iba azulando sus mejillas y enrojeciendo su nariz. Y la posibilidad se había encogido tanto, que apenas se veía. Se escurría entre sus dedos, como aquella vez se escurrieron sus ganas de seguir… y supo que la posibilidad nunca había existido. Solo se había dibujado entre sus manos, esperando un aspecto tangible al que aferrarse. Una pizca de fe o ese atisbo de esperanza que se evaporó hace años… la posibilidad estaba obsoleta y apagada. No existen opciones para quién tiene la opción correcta bajo el brazo. Y cerró los ojos, dejó escapar la posibilidad con una bocanada de aire helado.

Una parte de ella, la que aún tenía miedo, la que aún tenía dudas, la que nunca había llegado a olvidar y la que, sin comprenderlo, siguió esperando su oportunidad, voló con ella. Y trazaron un camino paralelo, un camino semejante y ciego. Un camino sin rencores, con recuerdos, sin distancias, sin olvidos, con sonrisas, sin heridas… un camino que se alejó tanto, tanto de ella que, cuando quiso seguir sus huellas, las encontró perdidas en la nieve derretida. Y terminó por aceptar que solo fué un sueño. Una locura, una ilusión, una farsa… y, aunque sentía que aún faltaba algo en sus suspiros, nunca dijo nada.

©Aileen Baker

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